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Novedosa práctica cardilógica del médico carhuense Oscar Méndiz de la Fundación Favaloro

Agosto 06, 2018

Un equipo de la Fundación Favaloro encabezado por el doctor Oscar Méndiz realizó por primera vez en el país un procedimiento pionero,  el  reemplazo por cateterismo de la última válvula cardíaca que faltaba reparar con esta técnica, la tricúspide, que separa el ventrículo derecho de la aurícula del mismo lado.                                    “Desde hace años, se hacían dilataciones de las válvulas mitral, pulmonar y aorta, pero hace una década comenzó una revolución impulsada por la posibilidad de reemplazos de válvulas a través de catéteres. El primero y más difundido de los que se intentaron es el de la aórtica, que hoy demostró ser igual y en algunos casos superior a la cirugía . Con la concreción del primer reemplazo de válvula tricúspide por cateterismo completamos la posibilidad de tener una o más soluciones por cateterismo para cada válvula cardíaca”.

La paciente que protagonizó este nuevo avance en cardiología es una mujer joven que por endocarditis (infección) había requerido un reemplazo con una válvula mecánica, que luego falló y requirió su reemplazo en una segunda cirugía por una biológica. Después de varios años, esta última también resultó afectada y, para evitar una tercera cirugía, los médicos decidieron intentar el reemplazo por cateterismo.

“Este tipo de procedimiento exige mucha planificación, mediciones que se realizan por tomografía de última generación, en algunos casos incluyendo un implante virtual por tomografía para saber cómo va a quedar -explica Méndiz-. De hecho, hay casos en que es necesario abstenerse de seguir adelante antes de intentarlo, en especial en posición mitral”.

Igual que en las demás, para reparar la “tricúspide” se procede a una sedación consciente, se realiza una punción con sutura percutánea (sin cortar) y, luego de cruzar la válvula, se avanza la prótesis montada sobre un catéter dirigible que contiene un balón. Al inflarlo, éste expande la válvula de pericardio bovino, que queda sostenida por un stent gigante.

Por ser el primer caso, aunque podría haber sido dada de alta a las ocho horas del procedimiento, los médicos prefirieron dejar a la paciente internada hasta la mañana siguiente, pero deambulando en el hospital.

Acerca de la duración de las válvulas que se utilizan en estas intervenciones mínimamente invasivas, Méndiz afirma que por lo menos en el caso de la aórtica, los estudios muestran que los resultados son al menos iguales que las utilizadas en la cirugía tradicional. Como el procedimiento es más reciente, la durabilidad probada hasta ahora es de ocho años, pero podría ser mayor. Por eso, la indicación actual es para personas de alto riesgo, aunque hay estudios en curso para ensayarlo en pacientes de riesgo intermedio y bajo. También es apto para reparar una válvula biológica puesta anteriormente por cirugía poniendo dentro de la misma una colocada por cateterismo. “Los pacientes andan muy bien; en seis horas están caminando -destaca Méndiz-. La mortalidad alejada es muy baja”.

El médico cardiólogo Oscar Mendiz (MN 73.900) es director del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular (ICYCC) de la Fundación Favaloro, y en diálogo con Infobae resaltó que “el aumento de la expectativa de vida es un desafío para la medicina y para los sistemas de salud” y reconoció que “la tecnología es un arma fundamental” para dar respuestas a una población que cada vez vive más años.

Arquero de fútbol por vocación y médico cardiólogo por evolución continua -según sus propias palabras-, Mendiz quería “ser igual que Pepé Santoro” cuando llegó a la Ciudad de Buenos Aires desde su Carhué natal. “Y como no me fue bien, me dediqué a la medicina”, bromeó el experto que los próximos 17 y 18 de agosto presidirá la tercera edición del Favaloro Cardiovascular Symposium, que este año tendrá lugar en el Hotel Hilton de Puerto Madero.

Mendiz admitió que “por mucho que le pese a la soberbia de los médicos, los grandes profesores de la medicina prácticamente han desaparecido y eso tiene que ver, en parte, con el rol de la tecnología en dos áreas absolutamente complementarias, como son el diagnóstico y el tratamiento“.

“En cuanto al diagnóstico, hoy podemos conocer el cuerpo humano de una manera extraordinaria, es llamativa la calidad de imágenes que podemos obtener y yo creo que ahí está la clave del gran avance. Los estudios de laboratorio por supuesto que evolucionaron, pero creo que las imágenes, tanto las tomografías, las ecografías en tres y cuatro dimensiones y en tiempo real asisten al diagnóstico y luego al tratamiento -resaltó el cardiólogo-. Y en el tratamiento hoy podemos resolver patologías cada vez más complejas mediante intervenciones mínimamente invasivas, que reemplazaron a las grandes cirugías”.

 Hoy podemos conocer el cuerpo humano de una manera extraordinaria, es llamativo el diagnóstico por imágenes que podemos obtener

Para él, “la certeza que se tiene al momento del diagnóstico, y en segundo lugar, el equipamiento con que hoy se cuenta para poder guiar ese tipo de procedimientos, sumado a los dispositivos cada vez más sofisticados que tenemos para introducir al paciente, ya sea para hacer la intervención, o para dejar implantable, es la clave del crecimiento de la medicina cardiovascular”. “La gente lo que más conoce es el stent, pero hoy podemos cambiar todas las válvulas del corazón sin abrir el pecho mientras el corazón está funcionando“, resaltó.

Lo preocupante es que mientras la tecnología al servicio de la salud avanza, y la medicina cardiovascular cuenta con cada vez más herramientas para dar respuesta a una población cuya expectativa de vida aumenta con el paso del tiempo, en lo que a prevención respecta, los pacientes dejan mucho que desear. Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte, muy por encima del cáncer, las enfermedades respiratorias y la diabetes, y los principales factores de riesgo (hipertensión, obesidad, tabaquismo, colesterol alto, diabetes, sedentarismo) son todos evitables.

 “Hipertensión, obesidad y diabetes ya se definen como pandemia, y en esos tres factores, el mundo ha empeorado -destacó Mendiz-. Uno de cada cuatro argentinos es hipertenso, muchos de ellos no están bien controlados y cada vez tenemos más diabéticos, enfermedad que es motivada por la epidemia de obesidad, que tiene que ver con la mala alimentación y los malos hábitos”.

Consultado sobre la incidencia de la obesidad infantil en la salud de las futuras generaciones, el especialista subrayó: “Si uno mira por la calle, tenemos muchos niños obesos, y a veces se cree que el exceso de peso en la infancia no tiene trascendencia y en realidad, hay que saber que eso va a progresar y empeorar”.

 A los padres y a los docentes, les diría que no estamos queriendo bien a un niño si no lo cuidamos para que no se transforme en obeso

Y tras remarcar que “los niños son los únicos que tienen capacidad de aprendizaje de hábitos saludables que perduren en el tiempo”, Mendiz destacó: “Tener una alimentación saludable es algo que se aprende entre los tres y los cinco años, y si no se incorpora en ese momento después cuesta mucho más. Cuando alguien se acostumbró a comer muy salado, después cuando es hipertenso le cuesta mucho más dejar la sal”.

– ¿Cuáles definiría como los hitos que marcaron la historia de la medicina cardiovascular?

– Si uno tuviera que hacer un repaso en la patología cardiovascular, el primer gran avance fue el cateterismo, que había sucedido en la Cleveland Clinic unos años antes que llegara Favaloro; conocer las coronarias fue un evento muy importante. Y de hecho eso es lo que llevó a que Favaloro (que se había radicado en los EEUU para capacitarse, primero como residente y luego en el equipo de cirugía en colaboración con médicos locales de ese centro de salud) se junte con ese médico que estaba estudiando las coronarias y revisaran todos esos estudios hasta llegar a hacer los primeros bypass en los primeros pacientes.

Después vino la introducción del stent, donde también hay que reconocer la presencia de un argentino, que es el doctor Julio Palmaz, que vive actualmente en los EEUU. Y allí comenzó la revolución de las intervenciones por cateterismo. La discusión si cirugía o angioplastia sigue existiendo, pero hoy se pueden resolver a través de los stents obstrucciones desde las arterias del cerebro hasta las arterias más distales del pie para evitar complicaciones, como el infarto al corazón por supuesto, los infartos cerebrales, la amputación de una pierna e inclusive resolver patologías en las vísceras.

Después vino otro adelanto muy importante, en el que también hay un argentino involucrado, que es el doctor (Juan Carlos) Parodi. Él introdujo la reparación de la aorta también a través de un procedimiento mínimamente invasivo. Esa técnica que él creó se desarrolló y hoy es casi el tratamiento de elección para la mayoría de los aneurismas de la aorta.

Más recientemente, la introducción por parte de un médico francés que se llama Alain Cribier, que es la posibilidad de reemplazar una válvula cardíaca a través de un catéter, es decir que con una mínima incisión (que en realidad es una punción) en la arteria femoral, con el paciente despierto hoy podemos cambiarle la válvula a un paciente muy añoso y mejorar sustancialmente su calidad de vida, cosa que hace unos años era impensado.

El aumento de la expectativa de vida es un desafío para la medicina y para los sistemas de salud. Y ahí es cuando la tecnología tiene un rol importante, porque cuanto menos invasivos somos, mejor será para todos”, reflexionó Mendiz, quien puntualizó: “Aunque a veces el primer impacto es que el diagnóstico y el tratamiento puede ser muy costoso, los sistemas de salud más organizados del mundo, como el canadiense por ejemplo, se focalizan mucho en esto, porque lo que se logra es primero -que es lo más importante- que el paciente viva más y mejor, pero además, ese paciente al ‘agredirlo’ muy poco, su internación va a ser muy corta y eso va a ahorrar recursos. Y después, ese paciente al estar mejor, no va a volver. En cambio, si no se gasta en ese primer procedimiento, ese paciente se internará cinco o seis veces al año, o pasará semanas enteras hospitalizado y, además de que probablemente muera, le va a costar mucho más al sistema de salud”.

 El aumento de la expectativa de vida es un desafío para la medicina y para los sistemas de salud

Así es que -según él- “hay que tener mucho cuidado cuando se dice que un procedimiento es caro porque lo que se debe hacer es un análisis global, y en medicina si uno quiere ahorrar dinero lo único que hay que hacer es medir los resultados de las intervenciones”.

– ¿Por qué sostienen que el simposio que realizarán este mes es otra manera de continuar la obra del doctor Favaloro?

– El doctor René Favaloro fue un pionero en muchos aspectos, la gente lo recuerda por el primer bypass, pero él fue el primero que dijo cuando todavía no había medicina basada en la evidencia que tomar un vaso de vino al día era bueno para la salud.

Él era un fanático, primero del desarrollo, y luego de la formación médica. Y cuando vino al país, lo hizo para hacer asistencia, docencia e investigación y dentro de la docencia está la docencia de postgrado, que son los congresos. Él organizaba un congreso que se llamaba Cardiología para el consultante y que era un evento al que asistían médicos de todas las subespecialidades de la cardiología, con invitados de primer nivel internacional y con mucha presencia de médicos de latinoamérica. Por las vicisitudes de la Argentina y de la institución, que también las pasó, tuvimos una interrupción y cuando decidimos volver, el nombre nos significaba ponermos la vara un poco alta entonces empezamos un poco más focalizado en un symposium de intervenciones cardiovasculares. Eso ha ido creciendo en los últimos tres años y este año tendremos 30 invitados extranjeros y ya contamos más de 1400 pre inscriptos y esperamos que sea un evento de difusión.

El objetivo siempre es educar y aprender. Nosotros creemos que si se puede tener en el país a los profesionales que están a primer nivel internacional, que publican, que son los que cambian la medicina y hacer intercambios con la realidad local eso nos permite transferir experiencias y también mostrar lo que se hace en el país. Hay un intercambio en diferentes temas, que no son sólo las intervenciones en pacientes añosos, sino también en niños (tenemos una sección dedicada a la cardiología pediátrica) y con un foco importante en la prevención. Habrá un simposio dedicado a diabetes, a hipertensión y por supuesto que vamos a hablar de trasplante y qué hacer en la etapa final, cuando ya las cosas están más complicadas.

El tercer Favaloro Cardiovascular Symposium este año tendrá lugar en el Hotel Hilton de Puerto Madero, los próximos 17 y 18 de agosto

Con el objetivo de mantener el legado de la institución y expandir a todo el país lo que ellos llaman “medicina Favaloro”, Mendiz integra el consejo de administración de la fundación, junto con los sobrinos de su creador, Liliana y Roberto Favaloro, y el doctor Héctor Rafaelli. Y pese a que recuerda con añoranza su pasado como arquero -y hasta juega con la ironía al asegurar que “no era malo”-, la pasión por lo que hace se le escapa en cada gesto. “Hice medicina y siempre pensé que iba a volver a mi pueblo a ejercer medicina general y después sentí que no era suficiente lo que había aprendido en la carrera e hice medicina interna, pero tampoco me alcanzaba y me di cuenta que me gustaba la cardiología. Y en ese momento ocurrió la ‘explosión’ de esto de las intervenciones de cateterismo y tuve un primer contacto, porque ingresé a la Fundación Favaloro a la unidad coronaria, y ahí fue como una atracción mutua entre la especialidad y yo y nació ese amor que hace que muchas veces se me haga la noche y siga con la misma energía que a la mañana”.

Amor, pasión, atracción mutua, cualidades casi inherentes a una profesión, cuando ésta es elegida y ejercida con el corazón. Ese corazón que -paradójicamente, otra vez- Mendiz se ocupa cada día de cuidar.

 

(Fuentes: LA Nación/Infobae/ Diario de Rivera)

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