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La ciencia internacional busca medicamentos del futuro en el Lago Epecuén

Abril 09, 2018

El Instituto Tecnológico de Massachusetts  (MIT)  y las universidades de Barcelona, UBA y Austral constataron la existencia de arqueas. Son microorganismos que sobreviven en lugares donde –teóricamente- no puede existir vida como normalmente la concebimos.- Las muestras obtenidas en Epecuén son congeladas y enviadas a la Universidad Austral, donde se desarrollará una base de datos y serán estudiadas

“Venimos a buscar moléculas, antibióticos, antiproliferativos, la cura del Alzheimer o del cáncer. Vamos a crear un banco biológico con las muestras que obtenemos, congelamos y ultracongelamos, para crear una gran librería con todos estos compuestos. Este es un proyecto ambicioso cuyo objetivo es buscar los medicamentos del siglo XXI”.

Javier Pedreño es un médico español, investigador, bioquímico y neurólogo, que en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) dirige un equipo de investigación para el desarrollo de medicamentos contra el cáncer. En la actualidad, junto con científicos de las universidades de Barcelona, la UBA y la Austral recolecta muestras en el lago Epecuén -en el futuro se sumarán otros sitios del territorio argentino- buscando replicar el comportamiento de determinados seres vivos para copiarlo, sintetizarlo y aplicarlo en diversas ramas de la medicina.

El punto de partida fue la confirmación de la presencia de arqueas en el lago, unos microorganismos que viven en situaciones extremófilas, como cráteres de volcanes, géiseres o minas abandonadas de sulfúricos.

“Pertenecen al tercer reino de nuestro planeta: están las eucariotas, las procariotas y las arqueas, que vendrían a ser las primeras pobladoras de la Tierra. Esto es fácil de entender: viven sin oxígeno, con concentraciones de sal altísimas, en temperaturas de 120ºC o en concentraciones de ácido sulfúrico. Es decir, las condiciones que tuvo inicialmente la vida”, explicó a La Nueva.

 Hace unas semanas se lo pudo ver a Pedreño a bordo del Prometheus I, un camión-laboratorio de avanzada, por la costa de Epecuén, tomando muestras y clasificándolas. Luego, estas eran enviadas a la Universidad Austral -en Pilar- para seguir estudiándolas.

 “Aquí (por el lago) se concentran unos organismos que nos van a explicar mucho sobre el origen de la vida; y en esto las arqueas son un punto clave”, dijo.

"Este tipo de bacterias solo está en ciertos lugares del planeta, y Epecuén es uno de ellos. Por eso estamos aquí", añadió.

Luego, la búsqueda continuará por 10 o 12 puntos del país, como la Antártida, los Esteros del Iberá o Misiones.

"La importancia de Epecuén no reside solo en el hecho que tenga una alta salinidad, sino porque tiene muchas más cosas. Más allá de sus propiedades  sanativas, también puede ser una fuente de riqueza. Si se descubren antibióticos en base a los estudios que llevamos a cabo, estamos hablando de la elaboración de medicamentos y beneficios por patentes", dijo.

 Es fundamentalmente, la otra pata del proyecto: los royalties que se obtendrán por el descubrimiento de nuevas medicinas.

En la actualidad, de las 7 mil patentes que existen, unas 2.500 surgieron a partir de la biodiversidad del hemisferio sur; sin embargo, todas y cada una de esas 2.500 patentes pertenecen a empresas del hemisferio norte. Durante los últimos 100 años, se calcula que han generado unos 100 trillones de dólares como ganancia.

“Entonces, el proyecto Darwin-Lamarck tiene el objetivo de crear medicamentos, a partir de la utilización y conocimiento de las tecnologías de punta, y que las ganancias se queden en el lugar”, señaló.

"No venimos en forma trucha para llevarnos las cosas, sino que habla con los propietarios del lugar, planteamos estrategias de investigación y, sobre todo, el  reparto de los beneficios", agregó.

 Respeto

Pedreño remarcó que el proyecto tiene como premisas el respeto del medio ambiente y la utilización de las tecnologías punta.

 “Antes, si encontrábamos algo en una planta que nos permitiera tratar una enfermedad, la única manera de conseguirlo era yendo por esa planta y llevarse un montón de ellas, lo que terminaba alterando el medio.

  “Hoy en día no es así: somos observadores, obtenemos pequeñas muestras, identificamos lo que hay dentro y lo sintetizamos. Imitamos a la naturaleza y la respetamos; cuando más normales son las condiciones, más se encuentra el entorno como debe y más información va a dar”, explicó.

El proyecto, denominado Darwin-Lamarck, cuenta con el aval de la Nación y de la Provincia, además de financiamiento privado de empresas argentinas.

Además de Epecuén, también se harán estudios en la Antártida o Misiones, por ejemplo.

¿Podrán determinar la causa de que las aguas sean curativas?

Sustento. Para el intendente de Adolfo Alsina, David Hirtz, las expectativas que despierta este proyecto van más allá de los beneficios que produce el lago Epecuén en la salud. “Ahora hay un sustento científico más serio para estas propiedades, avalado por cuatro universidades, que nos dirá por qué estas aguas son beneficiosas. Pero nadie se anima a decir cuál puede ser el techo de toda esta investigación”, señaló.

Conocimiento. "La expectativa está en los royalties de las patentes, además de la divulgación de conocimiento. Pero todavía es muy prematuro para hablar de algo así -manifestó-. Si se descubre algo importante, seguramente habrá que llevar a cabo nuevos estudios".

Lucha. Pedreño aseguró que “la naturaleza es la mayor farmacia de todas: por ejemplo, en la lucha entre un hongo y una bacteria, si gana la bacteria, tenemos un antifúngico; si es al revés, tenemos un antibiótico”.

Observación. “Cuando esto ocurre, tiene que haber químicos y compuestos en el medio. Entonces, tratamos de aislarlos, identificar cómo se ha dado esa lucha y qué elementos se utilizaron, porque nosotros también podemos usarlo. Ese es el objetivo: observar la naturaleza, ver como trabaja y no modificarla; cuanto menos la modifiquemos, más aprenderemos de ella”, aseguró el científico.

 

Fuente: La Nueva  /  Hernán Guercio / hguercio@lanueva.com

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