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Juliana Crededio, flamante campeona de Atletismo de los Juegos Mundiales de Trasplantados de España

Agosto 25, 2017

Fue trasplantada a los 7 meses y hoy corre los 100 metros en 14 segundos y su objetivo inmediato es romper esa marca. -  Flamante campeona de 200 metros de su categoría en el Mundial de Málaga sólo piensa en competir y vencer a la rival más fuerte, ella misma. La historia, el presente y el futuro prometedor de una atleta que lleva consigo una cicatriz que la llena de orgullo, la que dice que a los 7 meses una operación complicada, y casi sin precedentes, salvó su vida.  Contar la historia de Juliana Crededio (17) es la mejor manera de homenajear la invaluable tarea que se realiza desde hace 30 años en el Hospital Garrahan. A los 7 meses fue sometida a un trasplante de hígado, información con la que convivió varios años, pero sin saber bien de qué se trataba. De ese día le quedó una cicatriz que por mucho tiempo ocultó por razones estéticas, pero desde hace dos años la sacó a la luz y con ese gesto se reconoce como lo que es, una campeona de la vida.                                                              Su historia                                                                                                                                                       "Si no hubiese estado el órgano (hígado) yo hubiera muerto, pero si no hubiera estado el Dr. (Oscar) Imventarza con ésas manos que tiene, que hacen magia, no estaría viva. Él me dio la segunda oportunidad de vida". Con esas palabras Juliana —recién llegada a casa de su día largo entre colegio, tareas y entrenamiento— reconoció y resumió todo lo que pasó en su vida hasta el presente. A los 7 meses las complicaciones en su hígado la dejaron en la cabeza de la lista de espera para recibir un trasplante. Como pasa en ésas ocasiones, cuando el órgano llegó el teléfono de la casa de su familia sonó para dar la noticia y avisar que el traslado desde Mar del Plata debía ser inmediato. Su mamá llamó a la abuela para que quedara al cuidados de los otros niños, de 10 y 11 años. La urgencia llevó a la pequeña al quirófano del Hospital Garrahan donde el médico, ya reconocido por los trasplantes hepáticos (realizó el primero de la historia del nosocomio con una técnica innovadora), la esperaba junto a su equipo.

De aquellos días sus padres le contaron todo lo que pasó para que ella sepa su historia: "Cuando era chica me contaron que había sido trasplantada, que había recibido el órgano de otra persona y que gracias a eso estaba viva. Sé que recibí el órgano de un donante cadavérico y que la familia quiso que sea anónimo, pero hay casos en que las familias dicen quién era y entonces se conocen y genera un vinculo, no fue mi caso…  Tengo un amigo de La Pampa trasplantado del corazón y él habla con la madre de su donante y la trata como si fuera su madre, hasta vacaciona en su casa. En ese sentido sí hay un vinculo, pero en mi caso no porque no tengo información de quien donó, sólo me contó mi mamá que el órgano era de un chico de 15 años, que tengo una porción de su hígado y otra porción fue a otra persona".                                                                                                                                     Entre la infancia y las primeras carreras                                                                                                               Debido al trasplante al que fue sometida, los primeros años en la vida de Juliana fueron de cuidados y un listado de cosas que no podía hacer, excepto bailar y correr. Al venir de una familia que baila folclore la danza llegó temprano a su vida y como en la escuela no le permitían hacer deportes de contacto comenzó a participar de las carreras que, por esos años, sólo formaban parte de una materia. "A los 10 años tuve que participar de competencias intercolegiales y me preguntaron si quería correr. Para mí era parte de Educación Física, así que corrí y salí segunda en la competencia, pero no le di importancia. Después Graciela de Herrero, del Cucaiba de mi ciudad, me comentó que había juegos para trasplantados y me propuso ir a Mendoza… Dije '¡Guuaaauu!' ¡Quedé con la boca abierta porque fue una sorpresa! Me presentó a Guillermo, el primer trasplantado que conocí, en Mar del Plata, y que ya tenía su trayectoria en los mundiales junto a Gastón Diaz. Ellos empezaron a guiarme y me contaron por qué yo quedaba clasificada para un mundial, pero llegar a la clasificación y representar a la Argentina fue mucho de golpe".

Juliana aceptó la invitación y fue a competir a Mendoza acompañada de su madre. Aún no entrenaba para correr, pero la velocidad natural de sus piernas la habían puesto en consideración de los organizadores del evento que la convocaron para que participe de la clasificación al Mundial de Mar del Plata. Compitió una vez más en su tierra. "Cuando llegué a los 100 metros estaban todos mis seres queridos y fue como un golpe. ¡Estaba muy contenta! Me emocioné mucho porque estaban ahí mi familia, mis amigos, toda la gente de folclore y lo primero que hice fue saludarlos… ¡Me tiré encina de ellos! También fue fuerte verlos llorar porque me bancaron cuando era chiquita y son los que entienden todo por lo que pasé".   

Juliana es adolescente, está terminando la escuela secundaria y con ella una etapa mientras reflexiona sobre su futuro académico tiene en claro que su meta es seguir corriendo, hacer de sus piernas alas. Al igual que otras chicas, a medida que fue creciendo comenzó a mirarse de otra manera y a esconder su marca. "Al principio no mostraba la cicatriz cuando corría y usaba malla enteriza en la playa, pero en 2015 corrí por primera vez en corpiño deportivo delante de 500 personas en Mendoza. Ahí fue cuando empecé a mostrarla y desde entonces empecé a usar bikini y a darle sentido a las cosas. Me dije: '¡Ya fue, es una cicatriz!' y por lo que significa —que me hayan dado una segunda oportunidad de vivir— hace de ella sólo un detalle".                                                                 Desafío: "Tengo en mente bajar mi marca para superarme a mi misma, esa es la mejor competencia"                     Afianzada en el deporte, Juliana reparte su tiempo entre los últimos meses del secundario y en el entrenamiento para romper su propia marca. No mira lo que hacen los demás, sólo piensa en sus logros y se impone nuevos desafíos.                                                                                                                                                         Correr es hoy su actividad favorita.      "Cuando corro siento que salgo de la rutina y agradezco estar viva porque hoy entiendo las complicaciones que hay —confiesa— Antes no le daba mucha bolilla, no era que no me cuidaba, sino que no entendía lo que era ser trasplantada y ahora voy entendiendo más las cosas y correr me hace sentir una persona normal, en realidad me siento así porque lo soy. Voy al colegio, no tengo diferencias con otros. Por ahora tengo en mente bajar mi marca para superarme a mi misma, esa es la mejor competencia". Su marca a superar es correr 100 metros en menos de 14.89 segundos.                                                                                                                                                                                                                                                     Además de correr, Juliana practica (desde hace poco) salto en largo. "Me encantó y vi que tengo una buena marca a diferencia de alguien que se entrena. Cuando empecé hacía 3,50 metros y en España hice 3,65… Es buena marca. Me entusiasma ver que puedo superarme".     Juliana contó que no habla (ni se habla) mucho del tema trasplante en la escuela, pero sí lo hace con sus amistades más cercanas y con el profesor de Educación Física que fue quien la alentó para participar del Mundial de Málaga, del que regresó campeona. Pero, eso no es todo. También sube al podio de la vida, la que reconoce ni más ni menos como una segunda oportunidad y así la valora. Su corta edad desentona con la madurez de su pensamiento y desde ahí se posiciona cuando reflexiona.

"Cuando fui a Buenos Aires me encontré con un chiquito que había sido trasplantado hacía un mes. Me miraba y a la madre se le caían las lágrimas porque quizás vio en mi el futuro de su hijo y eso es muy fuerte, pero no es un peso. Está bueno saber que alguien puede sentirse bien por lo que hago", dijo y cuestionó: "Hoy miro a los adolescentes y veo que no le dan sentido a la vida. Hay chicos de mi edad fumando, tomando… eso no quiere decir que les va a tocar trasplantarse algún día, pero hay chicos que están esperando un órgano y a ellos les digo que cuando la mente quiere, o uno quiere, todo se puede. Si el día de mañana quisiera representar a la Argentina como atleta voy a poder porque tengo las condiciones y la mente en eso… Uno puede hacer lo que quiera y llegar de la mejor manera posible y hay que mirar siempre para adelante porque el pasado es pasado y el presente hay que vivirlo día a día, pese a lo que digan. No se sabe qué puede pasar mañana, por eso hay que vivir el presente".                                                                                                                                                                                Juliana Crededio fue trasplantada del hígado con solo 7 meses. Apenas una cicatriz quedó como recuerdo externo, pero ella cada día afianza su compromiso con la vida y, como dice su canción favorita, la celebra en cada paso.

 

 

 

FUENTE: INFOBAE

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